Recomendaciones | El sentido del humor, una virtud

Enviado por Humor Sapiens el Jue, 01/10/2026 - 03:41
Recomendaciones | El sentido del humor, una virtud

RNESTO RODRÍGUEZ: Esta tarde esperábamos a Carlos Cousiño y su conferencia sobre “El sentido del humor”. Desgraciadamente no ha podido venir porque su padre está muy enfermo. Pero ya que estamos aquí y la semana pasada interrumpimos este ciclo por ser un día feriado, hemos pensado con Arturo Fontaine que podríamos improvisar juntos sobre el sentido que puede tener el “humor” en nuestras vidas, en su profundo sentido, que nos hace creer que es una gran virtud.

Quiero decir algunas cosas, luego Arturo dirá otras, y luego conversamos todos sobre el sentido del humor.

Anoche, pensando en cómo acercarme a nuestra virtud, volví a una gran novela, muy poco conocida entre nosotros. Se trata de Tristram Shandy, su autor es Lawrence Sterne, y sus nombres son tan inseparables como los de Cervantes y Don Quijote de la Mancha. Sterne es Tristram Shandy ylos personajes amigos que lo rodean. Almas bondadosas que pasan por chifladas, y sus enemigos son la gente mezquina que no los comprende.

Sterne consideraba a Cervantes como su gran maestro, a don Quijote y Sancho como las encarnaciones de la sabiduría, locura y sencillez bondadosas. En Tristram Shandy el aire de Sterne está en las historias y conversaciones de su padre, su tío Toby, el criado del tío, Obadiah, y sobre todo, y para juntar el sentido del humor y sus severas consecuencias, Yorick, cómico y vicario de una parroquia en la provincia.

Apoyándome en el Tristram Shandy quiero intentar una reflexión sobre la bondad del humor, su virtud, su exigencia y el riesgo que significa asumirlo.

Tristram Shandy, perdón, Lawrence Sterne, vive en Inglaterra en el siglo XVIII, entre 1713 y 1768. El siglo XVIII es el más alegre y con más sentido del humor irónico que ha conocido nuestra cultura. Sterne es un inglés de una buena familia no muy prominente, ni muy rica ni muy pobre; un caballero de provincia, vicario en una pequeña ciudad del norte de Inglaterra. Un vicario bastante especial, porque no podría dejar de ser burlón e irreverente, y su conducta era semejante a su humor. Provocó a veces la indignación de sus feligreses serios. En uno de sus sermones, aludiendo a su vida conyugal y burlándose de sus propios fracasos, comentó ese pasaje de los evangelios en que los pescadores discípulos dicen que han salido a pescar toda la noche y no han pescado nada. Me imagino que se aburría con su señora, adoraba a su hija, conversaba con sus amigos y se acercaba a señoras y señoritas, y sobre esas aventuras escribe su otro libro memorable, Viaje Sentimental, que tiene lugar en Francia principalmente. A los 55 años, vuelve a su casa parroquial y muere solo. Ni siquiera se sabe muy bien que pasó con sus restos. Hoy día la vicaría, Shandy Hall, ha sido restaurada y llegan a visitarla sus lectores que celebran su humor y su figura.

En su obra aparecen a veces invocaciones a los dioses griegos. Encontré ésta que calza como anillo al dedo al comienzo de nuestra conversación. Dice así: “Oh, gran Apolo, si estás de humor para ello, dame un poco, te pido, un poco del sentido del humor y un destello o una chispa de tu propio fuego. Y envía a Mercurio, si no tiene nada mejor que hacer, con las reglas y compases, y con mis mejores saludos a... Bueno, no importa”.

O como cuando dice: “¡Bendito sea Júpiter! ¡Y benditos los demás dioses y diosas paganos!, porque entonces habrán de volver a entrar en el juego, con Príapo, además —¡oh, tiempos de gran jovialidad!—. ¿Pero dónde estoy? ¿Y en qué deliciosa turbulencia me estoy metiendo? ¡Ah!, y yo me he de ver separado de todo esto en el mejor de mis días y no podré disfrutar de nada, más que con los ojos de la imaginación —¡la paz sea contigo, generoso bufón!, déjame ahora seguir mi historia...”.

Sterne permanentemente se precipita, se interrumpe, se disgrega. Es disperso, pero al final casi siempre, no siempre, vuelve donde había comenzado. Una historia genera otra historia y cada vez que cuenta algo, interrumpe lo que está contando.

Tristram Shandy, cuyo título completo es Vida, Opiniones de Tristram Shandy, Caballero, tiene que ver con el nacimiento de quien lo escribe. En rigor, los comentarios a los acontecimientos familiares anteriores a su nacimiento ocupan casi la mitad del libro. Las circunstancias en las que fue engendrado, las que rodean su nacimiento, que llevan a que, por una equivocación, le pongan como nombre de bautizo Tristram, están llenas de un humor pícaro que alude a sus propiedades o carencias anatómicas. Todo el problema tiene que ver con el tamaño y la forma de su nariz. La nariz tiene un doble sentido, evidentemente. ¿Por qué se le aplasta, o se le corta o se le deforma la nariz? Hablaríamos hoy de un complejo de castración; pero, más ampliamente, diría que Sterne tropieza permanentemente con su dificultad y desde esa dificultad o carencia, discurre su vida y su obra.

Lawrence Sterne o Tristram Shandy vive en una vicaría que hoy conocemos como Shandy Hall, que ha sido adquirida y reparada por una fundación y que es hoy un lugar visitado por los ingleses de buen humor que conocen y admiran su vida y su obra.

Ahí vivía el padre de Tristram, un caballero ocioso, educado y excéntrico. Con él, además de su mujer, su hermano Toby, el tío Toby, uno de los personajes más encantadores, ingenuos y bondadosos que uno pueda imaginar. El tío Toby tenía un criado, llamado Obadiah, y su padre otro, llamado Trim.

La amistad de señor y criado nos hace recordar la de don Quijote y Sancho. El tío Toby había sido militar, había combatido en Europa y recibido una herida en la ingle que no le sanaba. Sin embargo, más adelante, el tío Toby se entusiasma con una viuda y recibe sabios consejos para el acercamiento del padre de Tristram.

Yo me he reído tanto con las historias de Sterne, que cuando vivía en Viña y viajaba en bus a Santiago y leía el Tristram Shandy debo haber parecido un chiflado.

Las historias de Tristram Shandy serían impensables sin las de don Quijote y Sancho. Arturo Fontaine que tiene la obra de Cervantes muy fresca posiblemente nos pueda ayudar con esta semejanza.

¿Qué es lo que está detrás del humor? ¿Qué se juega en el humor?

Creo que el humor se coloca siempre en el borde de la realidad; se aleja del centro, vive en ese borde, en ese lugar precario de la realidad, a punto de caerse. Pero no hace ningún aspaviento, se sostiene levemente, apenas se apoya, de tal manera que siempre está jugando. En ese juego aparece y desaparece lo que me permitiría llamar “la cosa”. Por “la cosa” entiendo a la realidad misma que ahora pierde su centro de equilibrio, adquiere súbitamente un cierto movimiento, comienza a temblar, pierde gravedad, al perder gravedad se hace ligera, pierde también la razón, se vuelve “loca”, vacila y termina cayéndose. Lo propio del sentido del humor no puede ser más impropio, sus personajes siempre se caen. Don Quijote y Sancho se caen a cada rato; pero de todas esas caídas, aunque descalabrados, salen con vida, y entonces reflexionan sobre lo que les ha pasado. Uno se cae, se levanta y sigue, aunque inevitablemente después vuelve a caerse. Hay, entonces, algo muy fuerte en aquel que tiene sentido del humor que le permite mantenerse en el buen ánimo.

En la dedicatoria de Tristram Shandy, dirigida al primer ministro Pitt, leemos estas palabras con la clave de su vida y obra: “Señor, jamás pobre embrión de una dedicatoria puso menos esperanza en la suya de la que yo he puesto en la mía, porque la escribo en un rincón apartado del reino, en una pequeña casa retirada donde vivo consagrado a combatir sin tregua con la alegría, los achaques de la enfermedad y otros males de la vida; porque estoy firmemente convencido de que cada vez que un hombre sonríe, y con mayor motivo se ríe, algo viene a añadir a este fragmento de vida”.

Y en otro lugar dice: “Si este libro está escrito contra algo, es contra la melancolía”. Quizás su personaje más importante sea él mismo, encarnado en la figura de Yorick que, como él, era vicario en una pequeña ciudad del norte de Inglaterra. Llorica es también el nombre del “pobre Yorick”, el cómico de la corte en el famoso parlamento de Hamlet. Fíjense que Yorick es un pastor, un cristiano y al mismo tiempo un irreverente. Esta posibilidad de ser pastor, cristiano e irreverente ejerció en mí una fascinación desde que era niño. Últimamente me da vueltas la imagen de San Felipe Neri, a quien oí nombrar por primera vez leyendo el Viaje a Italia de Goethe.

Tenía todo el aire de un chiflado. Los jóvenes de Roma lo querían y seguían. Les decía: “Pórtense bien, si pueden”. Y en Goethe leí que éste era su lema: “No despreciar a nadie; despreciarte a ti mismo, y despreciar el despreciarte a ti mismo”. San Felipe Neri era un santo y un cómico; SterneYorick no muy santo, y cómico. Ese cristianismo que se sustrae a la gravedad, que no se toma en serio, me conmueve y me muestra el mejor modo que podría tener mi vivir. Aquí estoy entrando en terrenos que son el lado peligroso y resbaloso del humor, ni la santidad ni la maldad, no ser en demasía, no ser ni muy bueno ni muy malo. Nietzsche también habla de eso; nadie es muy bueno ni muy malo, dice. Ese podría ser el humor profundo de Nietzsche y quizás por ahí admiraba y quería a Sterne.

El ánimo y sentido del humor se sostiene porque hay alguien que se convierte él mismo en objeto del humor, o dicho de otra manera, el humor es siempre a costa del humorista. Cuando en el colegio a alguien le hacen bromas por que es gordo, o feo o malo para el fútbol, el que paga la cuenta no es nunca el que se ríe. Más que humor me parece sarcasmo, crueldad.

Podemos burlarnos del humorista, pero ya él se ha reído de sí mismo.

El humor está siempre encarnado en un personaje que no tiene razón o que ha perdido la razón. Parece divertido y un tanto ridículo y sin embargo adquiere, al asumir su precaria figura, el fuero para hacer perder el centro de gravedad a los serios. Pensemos en la figura de Chaplin, por ejemplo, ya al verlo aparecer nos reímos. Pero ese hombrecito divertido se acerca a un hombre muy serio, mucho más grande y más fuerte, y lo hace caer, lo hace caer al suelo, caer en el ridículo. ¿Qué le ha quitado al personaje serio? Le ha quitado el suelo, el fondo, la razón. Descubrimos el humor involuntario del hombre serio y seguro de sí mismo. Un hombre se va a sentar y alguien le quita la silla. Un hombre muy grave está pronunciando un discurso muy importante, pero por una equivocación, un movimiento en falso, le cae en la cara una torta con crema. Así juega el humorista, no agrede, está siempre en el centro y termina pagando las consecuencias. Lo despiden, se va. Ninguna catástrofe. Sobrevive, se arregla, toma el paso o se sube a su caballo Rocinante. Ya sabemos que volverá a verse en apuros.

Pienso que el humor nace para conjurar la inevitable catástrofe que es la vida humana. Un día nos vamos a morir y estos pasos nuestros se van a perder en lo desconocido. Creo que el humor es una manera de enfrentar el abismo y acostumbrarse a vivir en su borde. De eso no se habla, pero nos vamos haciendo a la idea de caernos. No nos parece terrible, el buen humor ríe o sonríe. Esa risa o sonrisa luminosa es risa de la gracia. Pero el humor no es la gracia, en el sentido pleno que descubrimos en la mirada de la mujer que amamos y nos devuelve nuestra mirada por un instante.

Es una risa la del humor que tiene el pudor de no llegar tan lejos o tan cerca. Cuando decimos que un humorista tiene gracia es una especie de antigracia. Hasta podemos enojarnos con el que es humorista. Cuando mi madre y mis tías se enojaban entre ellas, se decían: “eres muy divertida”.

Porque el humor es hermano de la buena educación. La gracia del humor consiste en que no se toma en serio, está siempre saltando sobre sí mismo.

En el humor se vacila, no sabemos si estamos hablando en serio o en broma, no sabemos si es sí o es no. Siempre en ese borde. Y quizás gracias al humor descubrimos que de verdad no somos ni tan buenos ni tan malos, que podemos ser un poco pícaros sin ser malvados, y eso nos provoca una inesperada y extraordinaria alegría; la de conformarnos con lo que somos y, para hablar en serio, de aprender a amar nuestro destino.

Por eso un escritor que aparentemente no tenía mucho humor, Nietzsche, llama a la que me parece su obra más sugerente La Gaya Ciencia, el “saber alegre”. Y en la Genealogía de la Moral, dice estas palabras de elogio a Sterne, algunas de sus palabras más elogiosas: “Lawrence Sterne es el escritor más libre de todos los tiempos. Comparado con él, todos los demás parecen afectados, aldeanos...” Y más adelante: “...Hay que alabar su melodía infinita, donde la forma determinada se rompe constantemente, se desplaza y se sitúa de nuevo en lo indeterminado...”. Y “...es el gran maestro del equívoco; éste es su propósito: tener y no tener razón a la vez, mezclar la profundidad y la bufonería... Hay que rendirse a su fantasía benévola, siempre benévola”.

Lo mismo podemos decir de Cervantes, esa mezcla permanente de profundidad y bufonería. Frente al dolor, al inevitable dolor de la vida y a lo que ella tiene de inevitable fracaso y equivocación, el humor nos permite no hundirnos en la melancolía. La tristeza es cercana a la muerte y tenemos una tendencia a ellas que es negativa y grave. Tendemos a quedarnos y complacernos en el dolor; nos apoyamos en el dolor para hundirnos más, en el sentido grave de la gravedad.

Yo les recomiendo a ustedes que lean los sermones que preparaba Yorick-Sterne, son espectaculares. Tenía un espíritu malicioso y benigno.

Hablando de él o de sí mismo Sterne dice que “era un compuesto veleidoso y sublimado, una criatura absolutamente heteróclita en sus inclinaciones, con tanta vida y antojos, con tanta alegría en su corazón, como hubiera podido engendrar un clima más benigno”.

Hay un dicho inglés que recoge Sterne para señalar a un espíritu travieso: “lleva mucha vela y poco lastre”.

Yorick no tenía nada de lastre; dice más adelante “y hay que reconocerlo, sentía por naturaleza una invencible aversión y antipatía hacia la gravedad...”. No hacia la gravedad como tal por lo grave y serio que es el destino de los mortales, sino “enemigo de la gravedad afectada”, impostada “... y le declaraba la guerra abiertamente por considerar que era un velo que intentaba ocultar la ignorancia o la necedad, y así, cada vez que se topaba con esta gravedad, por bien protegida y acorazada que estuviera, rara vez dejaba de arremeter contra ella”. Señalo, entonces, al luchador que hay en el humorista. Decía Sterne que la gravedad era “un bribón andante”. Y quien fue la figura intelectual más importante en Inglaterra del siglo XVIII, Samuel Thomson, decía que todo hombre que se acostara antes de media noche era un bellaco; también se decía de él que montaba tan bien como el hombre más ignorante. Y volviendo a Sterne y su opinión de los hombres graves, decía que la gente más honrada y mejor intencionada solía verse despojada por un bribón grave de sus bienes y riquezas en doce meses como si fuera asaltado en un camino por maleantes. Por el contrario, “en el carácter desnudo que descubre un corazón alegre, no hay peligro, sólo para él: mientras que la esencia de la gravedad es la mala intención”.

Ya Montaigne había dicho que la tristeza, la gravedad es el nombre de la maldad. Engañar, decía Sterne, es una conocida treta de los hombres serios y tristes.

Se pregunta: “¿Cómo es posible que los hombres de menos ingenio puedan pasar por ser los de mejor juicio?”, y cita a De la Rochefoucault (el moralista francés) que al referirse a esos hombres serios, que nosotros llamamos tontos graves, observaba que “tienen un misterioso porte de cuerpo para cubrir los defectos de la mente.” “Cada vez que se le mencionaba a Yorick —dice Sterne—, algún proceder despreciable o poco generoso, no se detenía a pensar quién era el protagonista del hecho, ni cuál su rango, ni cuál su poder, para tomar represalias contra él: si se trataba de una mala acción, decía sin más que su autor era un bribón”.

En el siguiente capítulo leemos como Yorick muere traicionado vilmente por los tipos graves y pérfidos el poder y la razón. Leemos: “...Y muy mal había tomado la decisión de actuar con mayor severidad, ya era muy tarde. Antes se había formado una coalición con puntos suspensivos a la cabeza. El plan de ataque, como había previsto Eugenio, su mejor amigo (Eugenio quiere decir bien nacido), fue ejecutado sin previo

aviso, con tan poca compasión por parte de los aliados y con tan poca sospecha, que cuanto más seguro estaba el pobre infeliz de que el árbol de la fortuna estaba madurando, lo habían cortado de raíz. Y allí cayó, como más de un hombre de valía había caído antes. Ya faltaban pocas horas para que Yorick exhalara su último suspiro. Entra Eugenio para recoger su postre aliento. Yorick alza la vista apretando la mano de su amigo”. “Y eso fue todo —dice Sterne—, pero a Eugenio se le parte el corazón”.

“Vamos, vamos Yorick —dijo Eugenio— enjugándose los ojos, alzando un poco la voz; mira: aún te queda cuerda para llegar a ser obispo y yo voy a vivir para verlo.” “Te ruego Eugenio —dijo Yorick—, quitándose como pudo el gorro de dormir con la mano izquierda, mientras con la mano derecha agarraba la de Eugenio; te ruego que mires mi cabeza.” “No veo que le pase nada” —replicó Eugenio. “Entonces amigo mío —dijo Yorick—, déjame que te diga que está tan abollada y castigada por los golpes, que puntos suspensivos, y puntos suspensivos, han descargado sobre ella en las sombras y a traición, que podría decir como Sancho Panza, que si llego a recuperarme, ‘ya podrán llover mitras del cielo que no hallaría ninguna adecuada a mí cabeza’”. El último suspiro de Yorick: “Se encontraba temblando entre sus labios, dispuesto a escapársele en cuanto los abriera; sin embargo salió con un tono cervantino y cuando lo exhalaba, pudo Eugenio percibir una chispa que se iluminaba en sus ojos, pálido reflejo de aquellos destellos del espíritu que, como decía Shakespeare de sus antepasados, eran capaces de hacer estallar en carcajadas a una mesa.” En el momento de morir, la mirada de Yorick es capaz de hacer la risa, en medio de la muerte.

ARTURO FONTAINE T.: Uno de los problemas que tuve para pensar estas reflexiones, además del poco plazo para prepararlas, porque me enteré de esta charla hace cinco minutos, o sólo tres minutos antes de que entráramos a la sala, son los riesgos de hablar del humor sin humor, y de alguna manera caer entonces en la gravedad afectada que criticaba Sterne. Esa lucha por el corazón desnudo no es fácil. Yorick, el personaje de Sterne, en realidad no aparece en Hamlet. Si ustedes recuerdan, es el personaje, es la calavera que encuentra Hamlet cuando regresa.

Pero está muerto, no aparece en la obra. Lo que toma Hamlet es la calavera de Yorick, y le habla a la calavera de Yorick que ha sido el bufón que tenía en su infancia. Lo único que queda de ese bufón es esa calavera.

Él encuentra unas calaveras en el cementerio, y le pregunta a un sepulturero de quién es una de esas calaveras, y éste le dice que es de Yorick; así que el diálogo se produce con una calavera, y la imagen entonces es ¿qué queda de un bufón? Al final es esa calavera, y la escena es impresionante, porque es ver la calavera de un personaje que siempre representó la alegría, la vida, el sentido, la carcajada en su infancia, y que se quedó fijo ahí; y lo único que hay es esa calavera, igual a cualquier otra calavera.

Es muy interesante que ése sea el nombre que escoge Sterne para su personaje. Sterne tanto como Shakespeare ven en la figura que encarna al sentido del humor alguna conexión entre la muerte y el sentido del humor.

A mí lo que me llama la atención de esto es que el sentido del humor es una dimensión de la existencia humana inerradicable, y que está en cualquier parte, en cualquier nivel cultural. Si uno se encuentra en una micro con un par de obreros de la construcción, oye carcajadas; si uno se encuentra con un niño a la salida de un colegio, o en un patio, oye carcajadas; es decir, el humor es una dimensión que está en la existencia humana, y es una dimensión que curiosamente no se identifica yo diría con ninguna otra, o sea no puede reducirse a otra. Por ejemplo, no cabe duda de que lo divertido de un chiste, o de una acotación, no tiene que ver necesariamente con el buen gusto, porque de repente hay chistes groseros, inadecuados al momento, pero que son divertidos; dejémonos de cuentos, es decir, uno puede disfrutar y reírse a pesar de encontrar que es de mal gusto el chiste; a menos que lo que uno rechace sea la situación en la cual se contó el chiste, digamos, por ejemplo, que no era un chiste para la mesa; pero eso no significa que estemos diciendo que no sea divertido el chiste; hay bromas que son crueles, y no por eso dejan de ser bromas, o hay sarcasmos que uno sabe que son dolorosos para quien los sufre, pero que uno no puede negar que tienen humor; así como hay caricaturas que son buenas caricaturas y que son divertidas, a pesar de que uno se da cuenta de que el caricaturizado puede sufrir con ellas. Es decir, son cosas separables, la ofensa no es lo mismo que el humor, hay un humor ofensivo, hay un humor cruel, y todos lo hemos experimentado en el colegio, ¿no? Una talla pesada, una talla que hace reír a todo el curso, menos a un niño que fue el objeto del chiste, pero todo el mundo se rió; es decir, había sentido del humor, eso no quita que

igual como ocurre con el arte, muchos propongan y a lo mejor es legítimo hacerlo, lo dejo en el aire, que el humor debe ser despojado de elementos no éticos, es decir, que no haya toda una enseñanza en la cual nosotros estamos acostumbrados a vivir, en la cual se nos ha dicho que no hay que hacer bromas pesadas, que no hay que hacer bromas ofensivas, que no hay que reírse a costa de otro; pero eso es una postura moral, nadie esta diciendo eso en nombre del sentido del humor. Eso es decirle a la gente que de todas las formas posibles de reírse, escoja algunas y excluya otras. Lo que estoy tratando de decir, entonces, es que el sentido del humor no es lo mismo que el juicio ético, no es lo mismo que el juicio estético, es algo independiente, es una dimensión de la vida humana que no es reducible a otra. Y tiene muchas formas, la talla, el sarcasmo, la parodia, la ironía, la caricatura, el comentario, la acotación ingeniosa; es bastante difícil de aislar. Por ejemplo, hay en el humor, yo diría casi siempre, un trasfondo. Hay una cosa tácita que hace, por ejemplo, que uno no entienda muchos chistes, sobre todo cuando uno se desplaza de una cultura a otra, porque hay palabras que tienen connotaciones que no son fácilmente entendibles, sobre todo si es un chiste publicado por ejemplo; estoy pensando en un mono, una caricatura. Aquí tengo una caricatura. Fue publicada en el Topaze*, me parece que el año sesenta y dos; háganla circular hacia atrás. No sé si para todos los que están aquí la palabra gorila tiene un significado en el sentido político. ¿No? “General golpista” decían... ¿Quién más conoce esa expresión? Ahí hay algunos, pero parece que muchos no conocen ese uso de la palabra, ¿no? Hagan circular ésa hacia atrás.

Entender ese mono que hay ahí supone entender muchas cosas: que hay una democracia, que hay un señor que se llama Eduardo Frei Montalva, que hay otro que se llama Salvador Allende, que están peleando, que representan posiciones distintas y que hay una cosa que se llama gorila, y que es el general golpista. Este nombre se usó para los golpistas, los generales golpistas argentinos. La caricatura supone toda esa información de trasfondo, sin la cual el chiste no funciona, no opera.

Lo curioso, te fijas, es que el humor siendo una dimensión permanente puede tomar casi cualquier forma, casi cualquier tema, o sea hay chistes deportivos, hay chistes políticos, hay chistes sexuales, hay chistes de todo orden, hasta meras modas, como los chistes de gallegos; en una época había chistes de elefantes, de guerra también hay, casi cualquier materia se puede plasmar en una situación cómica, y eso es un dato que me parece clave para entender un poco porque el humor es tan central; no hay actividad humana que no sea susceptible de ser utilizada en forma de humor. Una cosa distinta es que esto sea recomendable. Yo no estoy hablando aquí del deber ser ético. Tal vez haya figuras, personas con las cuales no se deba hacer chistes: la madre, el padre; pero de hecho se pueden hacer y pueden ser muy divertidos. Una cosa distinta es que sean inconvenientes, eso es otra cosa. Ahora yo creo que lo cómico, lo divertido, no sé como llamarlo, está de una manera presente en todas estas formas, como la ironía, la parodia, la caricatura, el sarcasmo.

Yo siento que hay una sabiduría profunda en la tradición clásica del teatro que lo dividió entre comedia y tragedia. Creo que Shakespeare es un genio porque combina ambos modos al interior de las mismas obras. Esta mezcla representa mejor lo que es la vida humana. Es cierto que lo cómico representa una alternativa como actitud existencial a la tragedia; uno podría decir que hay dos maneras de estar en el mundo, o dos modos de estar en el mundo: el modo trágico y el modo cómico. La verdad es que tienen bastante que ver. De hecho, en los antiguos festivales de teatro griego se daban comedias y tragedias; uno pasaba de una cosa a la otra, porque son como dos maneras, dos miradas a la existencia humana que están emparentadas, son como el anverso y el reverso de la misma moneda, cara y sello de la vida humana.

Lo que caracteriza a la tragedia es un vivir atrapado. Lo que es propio del personaje trágico es que está atrapado en una situación que, en la forma original de la tragedia, es un destino ajeno en el cual el personaje, típicamente Edipo rey, es una víctima inocente, y en la tragedia más moderna de un Eurípides, o en las tragedias posteriores, es una situación creada más bien por los propios personajes, Fedra por ejemplo, Hipólito, que sé yo. Se crea la situación, pero una vez creada, aunque haya ahí una culpa subjetiva más fuerte que en la tragedia inicial, el personaje queda atrapado

por la situación, y no es libre para salirse, y tiende a ser como el de Macbeth. En el caso de Macbeth, después de haber cometido un asesinato que le parecía fácil, poco riesgoso, y después del cual iba a ser él simplemente el rey que reinaría, ocurre que este asesinato conduce a otro, y ese obliga a otro, y se produce esta cadena en la cual el personaje va siendo atrapado. Lo característico del héroe trágico es que no es libre, que es víctima de una situación, está preso de una situación.

En cambio, lo que caracteriza a la comedia y en general al sentido del humor —me parece que Ernesto estaba moviéndose un poco en esa línea— es la capacidad de salirse de la situación. Lo que produce la mirada y el sentido del humor es una salida de la situación, es una liberación de la situación, es un ver la situación desde fuera, y por eso tiene ese efecto redentor que de alguna manera produce una carcajada. La carcajada o la semisonrisa es una mirada desde fuera, es una mirada de alguna manera tolerante y pacífica. Esto pasa claramente en Chaplin. En Chaplin siempre

el humor tiene una dimensión de rescate en última instancia, de salvación, de redención de lo humano, porque precisamente esa persona que está atrapada en una situación, es vista a una cierta distancia, que hace que la situación en la cual la persona se encuentra pierda justamente los caracteres trágicos que tendría en una tragedia, porque hay un cierto distanciamiento, y lo mismo pasa en El Quijote. El Quijote podría haber sido un personaje trágico, ¿no? Uno puede contar la misma historia en son de tragedia, de la tragedia horrible de un hombre que enloquece, que se cree lo que no es, que es un esquizofrénico. Podría uno plantear el drama que eso genera entre sus parientes. Uno podría contar la historia de El Quijote como una historia terrible y la obra habría sido otra. La gracia que tiene el libro, y curiosamente la profundidad que tiene la obra, se la da el humor. El humor es un desplazamiento, es un cambio de perspectivas, y siempre es un movimiento de la imaginación. Una persona sin imaginación no tiene humor. Una persona con mucho sentido del humor siempre es una persona muy imaginativa, porque justamente supone ver las cosas desde un ángulo que no está obviamente dado por la experiencia, sino que esta dado por una cierta correlación, por una cierta concatenación de factores que la persona con sentido del humor percibe.

Hay un humor brusco y grosero. La señora que viene corriendo con los paquetes a subirse a la micro, y se cae en el momento de subirse, y la gente de la micro se ríe. No estoy diciendo que no sea divertido, pero es una forma muy brusca de humor, porque es un humor poco sutil, poco refinado, poco imaginativo, tan distinto de lo que hace Chaplin, por ejemplo, en La Quimera del Oro, donde el individuo tiene hambre y decide

comerse el zapato. No sé si ustedes recuerdan o han visto esa escena, cuando él saborea y va transformando los cordones del zapato en tallarines, cómo va desarmando la suela, y la suela parece un delgado bistec. Chaplin va creando una situación puramente imaginativa que es lo que hace reír; es decir, es un caso de un humor lleno de imaginación, y es un humor más alto porque es más creativo. Es lo que pasa por ejemplo, y la conexión es muy fuerte, entre erotismo y humor.

Creo que el erotismo es básicamente un acto de imaginación, el erotismo que es capaz de combinarse con el humor logra una situación fascinante porque es un estar absolutamente comprometido con la situación, y una cierta capacidad para salirse de la situación. A mí siempre me parecieron un poco decepcionante esas pasiones eróticas muy serias en las que nunca había humor, donde lo que se estaba viviendo era demasiado en serio. Yo encuentro que una situación es erótica en la medida en que hay pasión seria, dramática y de repente humor. Tiene que haber una entrada y una salida de las situaciones en las que uno se encuentra en la vida. En las mejores situaciones de la vida uno puede estar en ellas y, al mismo tiempo, verlas desde afuera por un instante; al mirarlas de afuera puede volver a ellas. Este ir y venir es lo que caracteriza al sentido del humor, es un estar comprometido con la vida y a la vez una cierta capacidad de descomprometerse, de no estar ahí, de ponerse en la orilla como decía Ernesto, de ponerse en el margen, desde donde uno puede volver. Es un juego muy complejo y muy difícil de traducir en otra cosa. Como digo, es una dimensión de lo humano que no es traducible a otra cosa, sino que lo único que uno puede hacer es comentarla, pero dándose vuelta y suponiendo que es una experiencia que todos hemos tenido. Lo veo muy ligado a esta capacidad de imaginar, de imaginarse, de imaginar al otro desde fuera, a distancia, con lo cual se produce una especie de sensación de la futilidad, de la insignificancia de la situación, esa sensación del absurdo que está presente en toda la vida humana, pero que no es el absurdo serio de algunos existencialistas, no es el absurdo de la nada que produce una especie de

rechazo del mundo. No es ese tipo de absurdo, no es un absurdo clausurado, porque lo que caracteriza al humor es que el no se toma muy en serio.

Entonces es un distanciamiento de la situación, un desplazamiento, un cambio de perspectiva desde donde la situación se ve como cómica, pero se puede volver a ella. Es decir, la situación no queda anulada y por eso es posible el humor dentro del erotismo, porque si el humor anulara al erotismo serían dos movimientos contradictorios. Lo increíble es que el humor al interior de una situación erótica la potencia, porque justamente el humor no anula aquello desde lo cual toma perspectiva, sino que, al contrario, lo nutre. Eso me parece a mí que es parte de lo misterioso que hay en esta dimensión, insisto, intraducible a otra, porque es una dimensión de lo humano que no tiene otro equivalente. Es como la dimensión estética, que no se puede traducir a otra cosa, pero que produce esta especie de desprendimiento, produce esta sensación de liberación, esta levedad decía Ernesto,

esta especie de capacidad de flotar, pero ojo, no es una especie de flotar como puede ser el LSD, porque la caída, la vuelta es necesaria y es positiva, es decir se vuelve con ganas a la vida desde el humor, a diferencia de lo que ocurre en la dimensión trágica donde justamente se avanza por una especie de camino cerrado, ineluctable, llevando el peso del mundo sobre su hombro, y donde no hay posibilidad de salida por el lado del humor.

Edipo no se ríe nunca. En cambio don Quijote, a pesar de que él es objeto de risa en el libro y no se ríe de lo que nosotros nos estamos riendo, lo que hizo pensar que era un libro de humor cruel, a pesar de eso don Quijote tiene mucho sentido del humor y se ríe a carcajadas de lo que dice Sancho, y eso nos acerca mucho a ese personaje porque así somos nosotros, nos reímos a carcajadas del otro y nos es mucho más difícil vernos a nosotros como productores de las carcajadas. Sí, el Quijote es un personaje muy humano, él disfruta intensamente de los absurdos de su amigo Sancho, pero nunca se ve a sí mismo como objeto de esa mirada, porque si se viera objeto de esa mirada perdería lo que lo hace ser don Quijote.

Hay algo que el humor corroe, a pesar de lo que decía hace un momento. El humor referido a uno mismo tiene una cierta capacidad de privarlo a uno de la posibilidad de realizar algunas grandes cruzadas, tal vez algunas grandes tareas. Yo creo que el humor produce, aplicado a uno mismo, una suerte de escepticismo. Por eso me impresiona tanto la figura de Tomás Moro, porque Tomás Moro era una figura famosa por su sentido del humor, como que a él le dedicó Erasmo su libro El Elogio de la Locura, una especie de fiesta del humor, un libro entero dedicado al humor y a sostener que la verdadera manera de vivir la vida es desde el humor. Tomás Moro, hombre gozador, tomador, culto, divertido, era ministro de Enrique. Octavo. Obligado a renunciar y encerrado en la Torre de Londres, después de habérsele dado largo tiempo para que buscara una salida, se rindiera o negociara su vida, no lo hizo y fue decapitado. Éste es un caso que me sorprende porque es el caso de un hombre que dio un testimonio de sus convicciones con su vida, pese a ser un hombre profundamente lleno de sentido del humor. De manera que cuando digo que el sentido del humor mina algunas cosas no quiero decir que mine la capacidad en un momento dado de dar la vida por algo, pero sí es cierto que mina una cierta actitud que caracteriza al Quijote, que es una especie de visión cerrada del mundo donde él queda entregado a una suerte de causa; porque eso es un poco la historia del Quijote, es la historia de un hombre que está maravillosamente encerrado en un mundo inexpugnable y respecto del cual no se puede reír; si pudiera salirse de él, si pudiera verlo desde fuera, podría reírse de ese mundo y así perdería su encanto final.

Con esto me acerco al cierre de estas reflexiones que resultaron más largas de lo que esperaba. Este desprendimiento, este cambio de perspectivas tiene también un efecto de desnaturalizar lo que nos parece natural y acostumbrado, por eso que el sentido del humor tiene en el arte, en la literatura o en el cine un papel tan fuerte, no sólo porque entretiene, divierte y captura la imaginación, sino también porque es una estrategia para volver sorprendente lo habitual. Siempre se ha dicho, desde los estudios de algunos de los “formalistas” rusos, que el genio de Tolstoi consiste en tomar el tema más trivial como ir a la ópera o al teatro, y transformar la narración de eso en algo que pareciera que no lo había vivido nunca el narrador. Lo que caracteriza al genio de Tolstoi es esta capacidad de presentar lo más conocido como algo completamente nuevo; narrar como que subirse a una micro fuera una experiencia inédita. De alguna manera lo que hace Tolstoi es “desnaturalizarse”. El sentido del humor hace un poco eso, produce una especie como de redescubrimiento de las cosas, porque al dislocarlas, al sacarnos de la perspectiva habitual nos hace verlas de nuevo, por eso creo que tiene ese poder de revelación, de descubrimiento, que es tan connatural

al proyecto de cualquier artista. Por eso es un recurso o una dimensión al cual muchas veces el arte recurre, y queda pendiente como la gran sugerencia, si al final el sentido del humor no se acerca en su revelación a lo más profundo de lo humano. Es decir, lo que queda en el aire, sobre todo cuando uno lee a alguien como Sterne o a El Quijote de Cervantes, es si en el fondo detrás de ese chiste grosero, o de esa acotación divertida que se hacen dos obreros de la construcción a las seis y media de la mañana rumbo al trabajo, si detrás de eso no hay una percepción misteriosa de lo que es el

fondo de la existencia, que es esta especie de proyecto que se sustenta al final en nada. En otras palabras, cuando nos colocamos en la perspectiva del humor, al menos del humor tierno, tal vez nos estamos mirando como quizás nos mira Dios.

ERNESTO RODRÍGUEZ: Déjame hacer pie en eso. Existiría esta cosa, este destino que al final nos desfonda; es el abismo. La tragedia muestra al hombre enfrentado al abismo; ésa sería la fuerza de la gravedad. Frente a esa fuerza de gravedad el hombre un día va a sucumbir. Pero el hombre puede resistir en un movimiento de alas; entonces es como el picaflor que se sostiene, se sostiene, se sostiene, y esto es muy fuerte en la modernidad.

Estaba leyendo las notas que tomé de una conferencia que dio 30 años atrás, en Chile, un filósofo francés, François Fedies, muy cercano a Heidegger. Fedies recupera una palabra de Hölderlin que llama a los hombres “reyes de la finitud despertados”. Precioso. Somos reyes cuando logramos sostenernos en lo efímero y lograr que lo efímero se demore. Toda la poesía ha trabajado sobre la demora y en esa demora es donde nosotros descubrimos la ternura de la vida. El humor tiene esa interrupción y esa ternura.

Quizás mi mirada sobre el humor es más estrecha que la de Arturo, porque estoy pensando solamente en lo que Nietzsche llamaba, pensando en Sterne y Sterne en Cervantes, el humor benévolo, el ánimo benévolo.

Porque la relación que hay en El Quijote es una relación que construyen el Quijote y Sancho. Se van intercambiando. Hay veces que está más firme en el convencimiento de la irrealidad, por así decirlo, Sancho que el Quijote, y a través del libro se van cambiando de papeles. Yo creo que ambos siempre tienen el convencimiento de que el mundo que se sostiene es un mundo absolutamente irreal, y que esa realidad es la realidad de nuestra existencia.

Yo creo que también Arturo ha hablado de lo que sienten los que aman: el amor, el erotismo; esa mirada es un intento para demorar y sostener en el aire una cosa que inevitablemente un día se va a caer. Por eso creo que en el humor existe como una benévola complicidad de los que están en el interior del humor, por eso distingo el humor del sarcasmo, que de verdad hiere al otro y lo arroja al abismo. Sabemos que hay personas que han sido tan atacadas por los sarcasmos en su vida, que han quedado definitivamente liquidadas. Quizá cuántos hombres que conocemos como hombres malvados, reaccionan con esa violencia y ese resentimiento por la agresión injustificada y cruel de que somos capaces nosotros mismos desde niños. Yo creo que se provoca una situación: por ejemplo, los enemigos de Chaplin no son muy malos; hay una cierta complicidad. Luego pienso en Tristram Shandy; lo que conmueve a Shandy y también a Yorick, es el extremado amor que se tienen su padre y su tío Toby. El tío Toby había quedado inválido en la guerra, había recibido un golpe en la ingle —esto ahora

sería chiste increíble—, y desarrolla una chifladura; el padre tiene otra chifladura. La chifladura del padre es filosófica, él es un lector de Locke.

Hay un momento en que están hablando de la familia, de una tía que se ha portado mal, que ha sido casquivana, se llamaba Dina, ella ha dado mal ejemplo; esto le parece mal al padre de Tristram Shandy. Toby es tan bueno, que le dice: “pero cómo puedes hablar así de la tía, cómo puedes hablar así de la familia”. Entonces el padre responde: “pero que importa, si la familia no es más que una hipótesis”. ¡Esto es una verdadera locura! Hay que pensar que Sterne es uno que cree pero que al mismo tiempo es un descreído.

Lo que sostiene al tío Toby es una cosa en la que él hace pie.

Mientras está participando en el sitio de Namur le dan un balazo en la ingle que lo deja inválido. Entonces descubre un hobby, eso traducido al español es como una quimera, un juego: el tío Toby se dedica a construir defensas imaginarias y levanta en el jardín réplicas a escala de las fortalezas. El padre de Tristram Shandy le dice: “estás arruinando tu patrimonio”. El tío Toby responde: “Bueno, y qué importa si es para el bien de la nación”. Eso es el equivalente a decir que la familia es una hipótesis. La verdad aparece inseparable de esta construcción imaginaria; yo creo que el humor afirma este carácter eventual, efímero, inconsistente de la verdad y la sostiene, como tú decías, en ese espacio imaginario.

ARTURO FONTAINE T.: Pero sabes, Ernesto, en lo que no estoy de acuerdo, a pesar de que mucha gente intenta hacer esa división, es entre esta especie de humor benévolo y el otro, el sarcasmo, la injuria cómica, que también produce una carcajada pero que tendría un efecto destructivo.

Y no estoy de acuerdo porque creo que ambas son formas del humor; yo creo que el humor puede ser un arma destructiva, puede herir efectivamente, todos lo hemos experimentado y alguna vez hemos herido a otro con una talla.

ERNESTO RODRÍGUEZ: Se habla del humor cruel.

ARTURO FONTAINE T.: Hay un humor cruel que es una forma del humor, que puede ser éticamente censurable por los efectos que tiene sobre los demás. Ahí lo que uno esta haciendo es superponer al juicio del humor un juicio ético, pero me parece que es una forma del humor, porque ¿qué es lo que tiene el humor en común? Descubrir zonas vulnerables. Lo que la mirada del humor hace es que descubre una vulnerabilidad, una fragilidad; una vez descubierta, puede ser mirada como una manera de herir y destruir.

La típica talla a la persona que tiene un defecto físico, que se usa para aplastar a esa persona. Pero también, y eso es lo bonito, también esas zonas vulnerables, no sé si las mismas, pero las zonas vulnerables son las que despiertan ternura. Es decir, ¿a qué apunta la palabra ternura? A lo tierno, a lo frágil, a lo débil, a lo naciente, al brote tierno; es un brote muy frágil que despierta amor, cariño, protección, por eso que el humor es entonces parte de una situación verdaderamente erótica. Pero así como hay un humor benévolo, si tú lo quieres llamar de esa manera, a pesar de que la palabra

benévola me carga, pero en fin, a pesar de que hay un humor positivo, por así decir, también hay un amor destructivo, el amor puede ser un arma destructiva. Y el humor también puede ser una manera de quererse, por eso hay humores y humores. Pero yo diría que son todas expresiones de lo cómico, de lo contrario tú tendrías que terminar diciendo que gran parte de las obras que nos hacen reír no son parte del sentido del humor, o no son obras donde esté en juego el sentido del humor.

ERNESTO RODRÍGUEZ: Que te hacen reír de repente... Yo creo que las obras del humor que realmente nos tocan son aquellas en que hay estas palabras que no te gustan.

ARTURO FONTAINE T.: Pero la talla en un curso, la talla al gordito...

ERNESTO RODRÍGUEZ: Me contaba hoy día mi hija que llegó una paciente destrozada a su consulta y le dijo: “A mí me decían desde chica que era un gusano fétido que hedía”. Mi hija la tocaba un poco y le decía: “No estás tan hedionda”. Pero si tú le dices que era una libélula, eso sería otra cosa.

Héctor Soto, uno de nuestros mejores críticos, dice que a él le gustan los cineastas que aunque se rían de sus personajes los quieren, porque el buen autor quiere a sus personajes, siempre los quiere; en lo ridículo que tienen los quiere. Hay una ternura en el humor. A lo mejor estamos desplazando las cosas, yo distingo entre el humor y el ...

ARTURO FONTAINE T.: No, si a mí me parece que gran parte del humor puede tener un elemento cruel es porque el humor siempre descubre una zona vulnerable. Cuando hay humor en una situación erótica se descubre una zona vulnerable de la cual uno se puede reír, pero lo hace con amor; es la misma zona a veces, eso es lo misterioso, que uno podría usar para destruir a esa persona. Cuando la ternura es una actitud que tiene que ver con la protección de un ser vulnerable y el amor no es posible si el otro

no parece vulnerable, esa es la gran mentira de la publicidad. La publicidad se basa en una especie de mirada sobre el atractivo del triunfador en circunstancias que lo que hace que uno se interese y pueda querer a otra persona no es lo que esa persona tiene de triunfador. Entonces, el humor en ese sentido es una cosa de doble cara, y es muy sutil el paso de la una a la otra. De hecho, muchas veces uno hace una broma queriendo ser cariñoso y resulta que es interpretada en forma ofensiva; y viceversa, a veces uno quiere ofender y resulta que no ofendió, etc. Éste es un monstruo de varias

cabezas. Nunca estamos demasiado seguros de cómo va a ser entendida la broma, depende mucho del contexto de la situación, del estado de ánimo del otro; hay días en que una persona, además, está tremendamente vulnerable a cualquier broma, y la toma en serio, se hiere, y tú dices, “ayer te dije cosas mucho más pesadas y te morías de la risa”.

ERNESTO RODRÍGUEZ: Creo que es bueno que conversemos todos...

ARTURO FONTAINE T.: Sí abramos esto...

 

ERNESTO RODRÍGUEZ: Pero quiero señalar un último punto. La dimensión social y política del humor. Pensando en la nueva democracia chilena, buena o mala. La antigua se sostenía con el humor. Recuerdo que todos los chilenos compraban la revista Topaze; soy bastante más viejo que ustedes.

El año 1938 Pedro Aguirre Cerda fue elegido presidente, y en la revista salió una caricatura suya, que era bajo y moreno, en la que aparecía desnudo en una tina, y alguien que pregunta: “¿Qué hace nuestro presidente?”, y otro responde: “Nada”. Todo el mundo se reía de eso. Entre los políticos se tiraban tallas. Sin embargo, hay un momento que precede al quiebre de la democracia chilena en que se pierde el sentido del humor. Cuando yo digo que el otro parece “momio”, todavía la palabra “momio” tiene un sentido de humor, pero cuando digo que el otro es un “comunacho”, ahí hay una descalificación. Echo de menos que en Chile no se haya restablecido el humor. Éste es uno de los signos de que el país, para mi gusto, no está sano.

 

No hay humor, vean ustedes, no hay ninguno, los políticos viven permanentemente descalificándose. El humor impide que los políticos hagan mucho mal, tomándose demasiado en serio. Piensen ustedes que el sentido del humor impidió que el partido comunista inglés pudiera elegir diputados, para los ingleses la proposición que hacía Marx era demasiado buena para ser cierta. Si a alguno de ustedes le ha tocado ver en la televisión esa sesión semanal en que el primer ministro contesta las intervenciones de la oposición, sabrán qué es un gran ejercicio de humor. Reconozco, Arturo, que en

la política, hasta en la política inglesa, hay un humor extraordinariamente cruel, sin embargo hay un cierto ámbito en el cual todas estas cosas se pueden decir.

 

ARTURO FONTAINE T.: Las cosas que han hecho con la princesa Diana, por ejemplo...

 

 

ERNESTO RODRÍGUEZ: Yo recuerdo que una semana antes de la muerte

de Diana, una revista conservadora inglesa que me gusta leer traía dos o

tres caricaturas de ella que en Chile habrían significado automáticamente

querellas por injurias y por la ley de seguridad interior del Estado. Creo que

un país que tiene humor se sostiene.

 

Sterne dice “que cosa más curiosa que los hombres de menos ingenio hacen todo para ser tenidos por los de mejor juicio”. ¡Espectacular! Es decir, habría una lucha entre los que tienen ingenio y tienen un juicio ingenioso, y estos hombres que no tienen ni ingenio ni juicio pero pasan por ser de buen juicio. En ese punto yo creo que el humor tiene una función desenmascaradora, no digo desmitificadora porque es demasiado moderno, desenmascaradora para que una sociedad pueda respirar, y por ahí podríamos ver en la conversación que sigue adelante qué sentido tiene el humor entre nosotros.

Ahora sería bueno que participáramos todos. Son veinticinco para las nueve, conversamos hasta poco antes de las nueve, si alguien quiere seguir conversando, charlamos un poco más.

 

ESTUDIANTE: Mientras los escuchaba trataba de encontrar alguna respuesta acerca de la relación que puede haber entre ironía y humor, pero también pensaba si acaso el humor es necesariamente alegría, o también puede haber rabia, o una ironía hacia uno mismo ¿Se necesita alegría para que haya humor, y viceversa? ¿Y qué pasa entre el humor y lo ceremonial? El humor es algo tan intrínsecamente humano, tan propio del hombre; sin embargo en lo que es ceremonioso o sacro, el humor casi no existe. Dentro de lo que conozco, en el mundo católico casi no se ve. Trataba de recordar alguna escena de la Biblia en que hubiera un poco de humor. La única escena que se me vino a la mente es más bien negativa: cuando Sara se ríe de la promesa que le hace Abraham de que va a tener muchos hijos, y por la que es castigada.

ERNESTO RODRÍGUEZ: A mí se me ocurre una cosa en relación con lo que tu decías, que son las opiniones. Justamente el libro de Sterne comienza con una cita de Epicteto, dice “lo que turba a los hombres no son las cosas en sí, sino las opiniones sobre las cosas”. Eso es lo que hace que el humor produzca turbación, porque te sorprende por el lado que tú no lo piensas.

El erotismo descubre en nosotros un aspecto frágil, débil, que no habíamos descubierto. En cuanto a cómo se descalifican las opiniones, quiero contar una anécdota brevísima de mi nieto Federico. El otro día va un amigo a la casa, yo le estoy contando algo, Federico lo mira muy seria mente y le dice a él, por mí, “no le creas nada”. En la noche me pide que le cuente un cuento nuevo de Batman, entonces yo invento un cuento. Federico me dice “hoy tu cuento es muy malo”. Eso ocurre al interior de una amistad, porque hemos construido una relación en la que nos reímos mutuamente el uno del otro sin que terminemos destruyéndonos.

 

Creo que es importante mantener columnas humorísticas. ¿En qué sentido?, en que creo que el humor corre paralelo a un río poderoso que es el río de la injuria pura y neta, que puede causar gracia pero no tiene este carácter revelador de un aspecto o dimensión de la realidad que ha destacado Arturo, esa desnaturalización. Uno puede construir un buen sarcasmo a base de puras falsedades, a base de injurias sin ningún fundamento; eso puede provocar muchísimas risas. Entonces, hay un límite muy impreciso.

Yo diría que el humor cruel se transforma definitivamente en sarcasmo y a mí me parece que el sarcasmo es inadmisible, es el recurso del viejo gruñón que carece de buen humor, del que carece de otras finuras para provocar la risa. La tendencia de los políticos en Chile es transformar todo humor en sarcasmos, todo humor es encasillado inmediatamente en el ámbito del sarcasmo y por lo tanto de la injuria, de algo penalizable; entonces creo que nosotros tenemos que rescatar al humor desde ese río oscuro.

ARTURO FONTAINE T.: Bueno, ahí hay muchos temas, es interesante lo que dices de la Biblia porque parecería que en la cultura judía hay una tremenda tradición de humor, muy presente en toda la literatura judía y en los miles de chistes que cuentan los judíos.

Todas las críticas que se hacen a los judíos, incluso las más duras, están en todos los chistes judíos. Pero la Biblia parece que fue hecha en otra cuerda; efectivamente no hay muchos chistes en la Biblia, al menos no están contados en forma chistosa. Hay situaciones que me producen mucha gracia, como la historia de Tamar, ella tiene muchas ganas de tener un hijo y le gusta tanto su suegro que se disfraza de prostituta y se acuesta con él.

Pero la historia no está contada con un ángulo humorístico pese a que es bastante pintoresca, a menos que la traducción la traicione, porque ella se disfraza de prostituta, se sitúa en una esquina donde hay prostitutas y seduce al suegro que no sabe que es su nuera. En la Biblia hay algunas historias de ese tipo, pero en general no es lo que predomina.

Sobre el tema de la alegría que tú dices, yo creo que hay una relación entre este sentido del humor positivo, no el sarcasmo, y cierta jovialidad que muchas veces se conecta con la alegría. Pero tal vez el humor, cuando llega a los niveles más profundos, por ejemplo el caso de Chaplin, es cuando toca una suerte de tristeza alegre que se vincula mucho con esa ternura de la cual hablábamos, esa capacidad que tiene el humor de descubrir zonas vulnerables en donde puede haber una mirada tierna; a veces eso se da en una especie de tristeza alegre, si pudiese existir algo así. Yo siento

mucho eso, por ejemplo, en ese maravilloso libro de Bufalino, donde todo el libro, o gran parte de él, está jugado en esta cuerda, en esta manera de sentir el mundo, y que tiene algo que ver con el tema de la muerte y de lo efímero; es una manera alegre de aceptar lo efímero de nuestra vida, es una manera alegre de aceptar la mortalidad, de aceptar el paso del tiempo, de aceptar nuestra insignificancia. Una manera que no es la de lo trágico, que es una resignación dolorosa en la cual de alguna forma llegamos hasta el último. El humor, como que al sacarnos de la situación nos libera y nos permite esta especie de tristeza alegre. Porque tampoco al final de las películas de Chaplin deja de haber tristeza; generalmente la hay, pero es una manera de vivir la pérdida.

ERNESTO RODRÍGUEZ S.: Muchos se están yendo, les recuerdo que el próximo miércoles continuamos el ciclo con la conferencia de Carlos Peña sobre “Virtudes Privadas y Públicas”, sigue Óscar Godoy con “El Ciudadano y el Poder Político” y termina Arturo con “Imaginar a Quien no Soy Yo”. Vamos a ver si hacemos un hueco para que conversemos con Carlos Cousiño.

Nos vemos el próximo miércoles...

 

Arturo Fontaine T.,

Ernesto Rodríguez

 

ARTURO FONTAINE TALAVERA. Profesor del Departamento de Filosofía de la Universi-

dad de Chile y del Instituto de Ciencia Política de la PUC. Director del Centro de Estudios Públicos.

ERNESTO RODRÍGUEZ SERRA. Profesor de la Universidad Católica y de la Universidad

Diego Portales. Coordinador de Extensión del Centro de Estudios Públicos.

 

(Transcripción de la conversación entre Arturo Fontaine T. y Ernesto Rodríguez que

tuvo lugar el 16 de septiembre de 1998, en el marco del ciclo “Virtudes de la Vida”,

organizado por el CEP para estudiantes universitarios).

 

Cortesía: Francisco Puñal Suárez

 

Humor Sapiens

"Crear, pensar y vivir con humor".