Introducción
Todo el mundo ha experimentado el humor. Una reflexión inicial nos indicaría que los animales no experimentan el humor. El humor pareciera ser entonces un asunto de humanos y como asunto de humanos es un elemento que no es ajeno a la filosofía. Generalmente se entiende al humor como un componente psicológico y social, como aquel elemento que facilita la cohesión social y que nos permite incluso caracterizar a ciertas sociedades; sin embargo, el humor –como asunto de lo humano y, por ende, de la relación con lo otro y con los otros– implica una reflexión epistemológica. Más que una reflexión psicológica sobre el esquema del humor o los tipos de risas, ¿qué papel juega en la forma de conocer el mundo y de conocernos a nosotros mismos? Más allá de la reflexión antropológica del humor como elemento propio del humano, ¿de qué manera este es un elemento imprescindible en el
conocimiento? ¿Está alejado de la razón o es parte de ella? Existen trabajos antiguos –como los de Aristóteles o Cicerón– que refieren al humor como elemento biológico y social, pero, ¿ello explica su función en la constitución de nuestro conocimiento?
Frente a este problema, el presente texto tiene como finalidad presentar un acercamiento a este elemento de lo humano bajo una postura epistemológica, es decir, se pretende resaltar los componentes propios para el conocimiento. No representa un intento de definición del humor, que si bien su reflexión implica un acercamiento a los elementos con los que se relaciona (como el chiste, el lenguaje y la cultura), partimos de la idea de que como elemento humano es indefinible (e incluso su definición conceptual parecería intrascendente para el conocimiento de su papel en la epistemología), pero su reflexión en un sentido epistemológico permitirá un acercamiento respecto a su sentido y papel como parte del conocimiento del ser.
1. El conocimiento y el humor
El problema del conocimiento ha sido uno de los temas más importantes en el hombre. El conocimiento implica un lenguaje, una dialéctica, un devenir y la conformación del ser. La epistemología no es un ámbito que solo competa a la filosofía de la ciencia, sino que es la reflexión que permite la comprensión del mundo que nos rodea. Por ello, el preguntar sobre el humor no es inadecuado. Se comentaba ya en la introducción que diversos trabajos1 centran su análisis en la comprensión del humor como elemento psicológico y social, pero el avance en la reflexión del humor como elemento epistemológico es menester en el sentido de que es un elemento propio del humano, igual que lo es el conocimiento.
En el castellano, el humor puede entenderse de forma similar al daimon que ya mencionaba Heráclito, como ese genio inmerso en la forma de ser; hacemos referencia al humor cuando queremos denotar el estado o temperamento de alguien (sobre todo en un momento en particular), pero cuando ya nos referimos al sentido “humorístico”, el concepto de humor nos orilla entonces a elementos de comicidad, que causan risa. Es bajo esta forma en la que el humor será referido en estas líneas, como aquella capacidad humana para reírse, no de forma refleja como sucede cuando uno es víctima de las cosquillas, sino de forma voluntaria e involuntaria hacia un acontecimiento en particular, es decir, como un sentido humorístico de lo que nos rodea, como una condición que permite valorar a algo como gracioso.
Frente a esta capacidad de reír, del chiste, la cual aparentemente es propia del humano, implica un elemento relacionado con la expresión, se tiene al otro y reímos en conjunto o me río por la existencia del otro. Nos reímos de otro o de uno mismo, pero siempre en función de que existe algo fuera de uno. La risa no tiene tanto sentido en la soledad como lo es en el colectivo y si nos reímos en soledad siempre lo otro está presente en la representación mental, de lo contrario no habría de qué reírse. Gervais y Wilson2 nos dicen que la risa tiene funciones comunicativas, pero previo a ello le precede una necesidad expresiva. Cuando algo nos parece gracioso es casi inmediato generar una sonrisa y una risa, independientemente de que la intención sea comunicar ese humor a otro o no. Ahora bien, ello no implica que no tenga una intención comunicativa, pudiera ser, como cuando se pretende una
cohesión grupal o de identificación con los otros, pero no es tema de discusión en teste texto.
El humor es una necesidad expresiva que conlleva a la risa, es una reacción frente a lo que es gracioso, pero, ¿qué es lo gracioso? ¿Por qué el hombre tiene la capacidad de entender algo como gracioso? Lo que nos parece gracioso está inmerso en un contexto (como lo es cualquier elemento comunicativo y expresivo), lo gracioso solo puede entenderse en un contexto cultural, de otra forma no será entendido como gracioso. Si el humor implica un entendimiento, entonces le precede un conocimiento del mundo y un conocimiento de la contingencia bajo la cual la persona se desenvuelve. Lo gracioso puede tener muchas categorías (lo absurdo, lo inesperado, la parodia y más elementos ya mencionados por los griegos3), pero no es un elemento de la realidad en sí misma. El entendimiento del mundo como símbolo es la pauta del humor, es decir, lo gracioso no es más que un símbolo humano, como lo
pueden ser otras manifestaciones humanas, como el arte por ejemplo.
¿El humor es equiparable a la ciencia y al arte? Pareciera que sí como símbolo y no como objeto. La ciencia se enfoca al entendimiento del mundo mediante la razón, el arte mediante lo sensible y el humor pareciera no alejarse de esa línea, ya que también es una forma de entendimiento de la realidad. Esto es contrario a lo que comentaba Freud, respecto a que el humor y el chiste no son más que una forma de rebelión contra la razón o un repudio por las exigencias de la realidad4, puede intentar rebelarse de la realidad de la cual parte, pero no lo logra, solo la reafirma. El humor no es un escape de la realidad, sino un enfrentamiento a ella, confirmándola mediante las paradojas que ello implica. En otras palabras, tenemos humor y vemos a la realidad de forma graciosa dado que la realidad está llena de contradicciones. Son las contradicciones lo que permite la posibilidad del humor, es su elemento necesario, por ende, su elemento sine qua non es la razón, así como lo es para la ciencia, el arte e incluso la religión.
Este razonamiento orilla a pensar entonces que la realidad tiene contradicciones e incongruencias. En México nos reímos de nuestra característica idiosincrasia contradictoria, pero es justo la risa lo que nos permite comprender esa realidad social que hemos definido en nuestra cultura. El humor entonces como símbolo de entendimiento del mundo nos permite la generación del chiste y la burla de lo contradictorio, llevándonos así a su comprensión bajo una clara relación con lo otro.
2. El humor como elemento humano
Se ha explicitado ya en dos ocasiones que el humor es humano, la acepción implica que no es una característica de lo no humano o de lo animal. Esta aseveración se da en función de que el humor cumple un objetivo simbólico del hombre al igual que otras formas de conocimiento del mundo. Si bien hay chimpancés que pueden reír en situaciones particulares, la risa de los primates distintos al humano y el humor que nos caracteriza son diferentes, en nuestro caso el símbolo y la razón son necesarios como condición forzosa.
Es de humanos reír, así como es de humanos el conocimiento y el entendimiento de lo que nos rodea. Así como la ciencia, el arte y la religión nos orillan a ser, ¿el humor nos permite ser? Más allá de comportarse de forma burlona e incluso chocante (como un exceso del humor), el humor nos acerca a lo otro, a lo que es diferente de nuestra cualidad y cultura, nos permite la identificación de lo que nos rodea. Característico en la cultura y como ejemplo el mexicano, la burla a otras culturas, a la idiosincrasia y a las características físicas de los demás (o en ocasiones de uno, cuando queremos disminuir el peso de la realidad de nuestra diferencia con el resto de quienes nos rodean) implican la identificación de lo otro como una consecuencia del simbolismo de nuestra razón, justo como sucede en otras actividades humanas más desarrolladas por la filosofía, como la ciencia.
El humor no es ajeno a ningún ser humano, incluso hay culturas caracterizadas por su sentido del humor y una forma particular de éste, como los ingleses, los estadounidenses y los mexicanos. Lo que sugiere una risa siempre estará en función de un contexto y momento en particular, así como por el uso determinado de un lenguaje y los significados que de él emanan sobre las situaciones y las características que podemos distinguir. El humor y el chiste como consecuencia del simbolismo implican forzosamente el uso del lenguaje (hablado o no) en un juego con la cultura de la cual deviene. Independientemente de ello, el humor siempre nos permite expresar elementos que probablemente bajo otra circunstancia no podríamos, como el ser cruel (que según Nietzsche es uno de los placeres más antiguos de la humanidad). El humorismo pareciera estar siempre relacionado con elementos de realidad que implican una discriminación de lo otro, una identificación de una realidad que no necesariamente nos es agradable y una caracterización de paradojas de lo cotidiano (solo posibles en el humano) que se hacen soportables solo por el humor. Y no es que el humor y lo risible refiera solo a elementos del mundo (en el sentido más filosófico del término) que sean difíciles de soportar por el hombre, sino que nos permite la comprensión de las paradojas que constituyen un mundo estructurado bajo el simbolismo humano; es decir, la risa sobre nuestra realidad facilita a nuestra razón el entendimiento de las contradicciones generadas en las estructuras del mundo humano, no en un sentido de consolación sobre una realidad cruel, sino como un recurso de la razón para el entendimiento de lo contradictorio, siendo lo contradictorio característico de lo humano. Así como la razón no permite la comprensión de elementos sin tiempo (siguiendo a Heidegger), la razón no pudiera comprender contradicciones y paradojas en lo
humano sin el uso del humor. En estricto sentido el humor no es cosa simple, representa una de las características humanas más importantes y necesarias para la razón.
Se ríe el ser que es mutable, la risa nos ayuda a ese cambio de nosotros mismos y de nuestro mundo. Dios no ríe, no hay nada gracioso frente a él, no le es necesario reír. Para el humano es necesario, ayuda a su razón, al conocimiento y al entendimiento del mundo, al igual que al conocimiento y entendimiento de sí. El humano no deja de reír porque siempre está siendo en la paradoja de su cotidianeidad.
3. El humor y su relación con el mundo
El humor es humano e implica un lenguaje y un uso simbólico de la razón. Frente a esta relación de elementos es imprescindible el papel del mundo. El mundo, como la totalidad de lo ente con una estructura determinada, implica el uso del simbolismo, el lenguaje y la razón para su conformación. El humor y la risa que lo acompaña no serían posibles como fenómeno humano sin el elemento del mundo. Heidegger decía que, como Dasein, nuestro ser es en el mundo, en circunstancia y bajo una estructura simbólica de ello. Siguiendo a Heidegger, nuestra conformación siendo en el mundo no pudiera ser sin elementos de nuestra razón que faciliten su entendimiento. El humor es justamente un elemento de comprensión del mundo, sin él, las contradicciones que conforman nuestra sociedad y nuestro ser no tendrían sentido alguno para nuestra razón. ¿Por qué reír de la muerte? ¿Por qué reír de deficiencias físicas? ¿Por qué reír de la política? ¿Por qué reír de lo que nos afecta? ¿Por qué reír de lo que nos mata? Nos
reímos para comprender la incongruencia, lo que es incomprensible a nuestra razón. El humor es tan serio que facilita nuestra cordura, ello debido a que estamos dentro de un mundo lleno de incongruencias y paradojas propias de lo humano.
Según Freud, dentro del chiste y del humor están inmersos tabúes de una sociedad; si bien la perspectiva freudiana del humor refiere a éste como un canal a elementos inhibidos o propensos de inhibición y además es propio de la diversión, el humor y el chiste no se dan solo con fines recreativos –aunque su carácter catártico nos orilla muchas veces a buscarlo para tal–, sino que conlleva elementos hermenéuticos del mundo debido a su constitución simbólica y atada a un lenguaje en particular. Si bien el humor puede tener una relación con lo prohibido, su sentido va más hacia su conformación como una válvula frente a un mundo, lo cual lo hace inevitablemente un elemento que se debe comunicar; siguiendo a Freud, ello se debe a que la risa tiene una constitución social.
El humor se da entonces en una sociedad y en un mundo, se genera por éste y para éste, permite su identificación y comprensión y por lo tanto, involucra elementos incongruentes, prohibidos, de malestar y de contradicción que el hombre mismo incluye en sus estructuras mundanas.
4. El humor como revelador de verdad
Reírnos de nuestro mundo es un gran placer, implica una catarsis que consideramos necesaria para nuestro bienestar, a tal punto que lo buscamos –en mayor o menor medida– y en lo cotidiano hacemos uso del humor para darnos a entender para conformar relaciones sociales y para identificarnos con los demás. El humor nos da acceso a una catarsis de nuestro mundo, como si tuviéramos la necesidad de contener elementos de nuestra estructura y así, inevitablemente, buscar su escape por medio del humor. Siguiendo de nueva cuenta a Heidegger, el hombre es el ser en la verdad, dado que el lenguaje es el pastor del ser y el humano es el único capaz de la construcción de lenguaje. Vivimos en la verdad en lo cotidiano y buscamos expresar la verdad, la verdad implica un reconocimiento de nuestro mundo y una búsqueda constante de su aceptación y entendimiento, ya sea a través de la ciencia, del arte o la religión. Es entonces el humor una forma de conocimiento de la verdad y más, una manera de revelar la verdad que permanece oculta, no por sí misma, sino por nuestra estructura mundana y por nuestra capacidad de identificar
lo otro y su incongruencia consigo misma y en sí misma.
Inicialmente es el lenguaje lo que nos permite al acercamiento a la verdad, va de la mano con la conformación del pensamiento y del símbolo. El humor, en este caso, es un mecanismo de identificación de verdad, nos permite conocer el mundo, conocer al otro y conocerme a mí mismo, no solo como lo hace el lenguaje, sino que facilita la relación del hombre con su entorno paradójico y haciendo burla de él facilita el entendimiento de la verdad que se nos revela, una verdad que puede estar fuera o dentro de nosotros. Cuando tenemos sentido del humor sobre nosotros mismos, nuestras características paradójicas, incongruentes, soberbias y deficientes (que previamente identificamos al vernos distintos del otro) pueden ser entendidas por nosotros mismos y por los demás. Por simple que parezca, nos reímos de nosotros mismos porque somos nos reímos de nuestra cultura porque es, nos reímos de la muerte porque es, mismos reímos de nuestros errores porque los cometimos; pero sobre todo, nos reímos de todo
lo previo porque los reconocemos como verdaderos; si no fueran verdad, si no tuviéramos conocimiento de ellos, no serían graciosos, y aun lo inexistente es gracioso en tanto que es posible en el mundo.
Reírse entonces implica un entendimiento del mundo, pero el humor permite un conocimiento del mismo. El humor es un tema epistemológico que permite conocernos y entender la verdad y da razón a lo que nos rodea; pero además es catártico, es placentero y divertido. No es que forme parte de la categoría “diversión” como ya Freud decía, dado que podemos reírnos de lo que no es divertido y no con fines de entretenimiento, como cuando reímos para aceptar la muerte de un ser querido o nos burlamos de una crisis política o económica. Es catártico porque nos libera de lo oculto de la verdad, implica vaciar el propio ser de una verdad que es incongruente y/o insoportable5
No se puede dejar a un lado la reflexión que hace alusión a la característica “picardía mexicana” únicamente como ejemplo frente a lo paradójico de nuestra condición y el humor para su comprensión y aceptación. El mexicano se caracteriza por ser burlón, por vivir lleno de humor y risa. Curiosamente somos una sociedad históricamente agresiva y sufriente, pero que, paradójicamente somos alegres. El humor nos ha permitido conocer nuestra verdad y, más allá de ello, aceptarla; ha dado pauta a formar una identidad sin olvidar aquello que nos denigra, que nos apena y que nos desagrada y nos sorprende. Tenemos una impresionante capacidad de aceptación de la realidad porque nuestro mecanismo humorístico ha permeado y sigue permeando nuestro mundo. Ya lo decía Salvador Dalí, “De ninguna manera volveré a México. No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas”, y es esta adjetivación de México como “surrealista” lo que denota lo paradójico de nuestra condición como mexicanos y lo que al mismo tiempo nos permite la comprensión de nuestro carácter humorístico.
A manera de cierre
El humor es un tema de gran seriedad para el ser humano, tal vez su esencia en lo risible ha provocado que no haya atraído atención suficiente. Estas líneas, si bien no pretenden resolver por completo el problema del humor, nos permite acercarnos a su seriedad y a su importancia frente al ser en el mundo. Ya decía el cómico Charles Chaplin que “un día sin risa es un día perdido”, pero no solo por el sentido divertido, sino por su elemento catártico frente a la realidad del mundo.
Las reflexiones aquí mostradas nos permiten abrir una ventana de elementos del comprensión del humano y de la forma en que conocemos al otro, por ejemplo, ¿cómo la sátira reafirma nuestra idiosincrasia? ¿El mundo sería distinto sin humor? ¿Habría mundo sin humor? Sin duda muchas de ellas se relacionan con temas antropológicos y éticos, sería absurdo que no fuera así, como sería tan absurdo decir que el humor no es algo tan serio como lo es la realidad. Hasta este momento podemos afirmar que el humor es la manifestación del conocimiento de la realidad y una muestra de la paradoja e incongruencia del mundo con fines de su aceptación por medio de su reducción mediante la risa, lo cual solo es posible en el hombre.
1 La analítica de la risa, la clasificación de éste y su función social desde perspectivas biológicas y psicológicas puede consultarse a detalle en: Sixto Castro “El chiste como paradigma hermenéutico”. El presente trabajo no pretende clasificar la risa.
2 En: Sixto Castro. Ibid.
3 Luis Gil Fernández. “La risa y lo cómico en el pensamiento antiguo”.
4 En: Sixto Castro. Ibid.
5 Aunque llamarle “insoportable” es una paradoja en sí misma, es soportable gracias al humor.
Bibliografía
Gil Fernández, Luis. (1997). “La risa y lo cómico en el pensamiento antiguo”. Cuadernos de filología clásica:
estudios griegos e indoeurpeos. 7. Madrid. Universidad Complutense. Facultad de Filología. 29-54.
Castro, Sixto. (2011). El chiste como paradigma hermenéutico. Diánoia. LVI, número 67. México. Universidad
Nacional Autónoma de México. 87-111.
José Alfonso Jiménez Moreno
Maestro en Psicología. Universidad Nacional Autónoma de México. alpsic@gmail.com
Cortesía: Francisco Puñal Suárez
"Crear, pensar y vivir con humor".