Antecedentes: en Cuba, durante su rica historia humorística, siempre han existido y existen grandes comediantes, cuentachistes, guionistas de humor en radio, televisión, cabaré y cine.
Pero siempre fueron hasta ese momento, artistas individuales, o agrupados en determinadas obras, programas, etc., o en ciertos colectivos no totalmente dedicados al humor. Entonces de pronto aparece en pantalla chica un señor melenudo con capa, feo y sobreactuando, pero con gracia y con una selección de monólogos exquisitos, tanto de excelentes escritores foráneos como del gran Héctor Zumbado. Ese maestro era Carlos Ruiz de la Tejera y rompió esquemas también en aquel instante. Al poco tiempo sucede otro hito: un trovador-humorista conocido como Virulo, asume la dirección del Conjunto Nacional de Espectáculos y une a Zumbado, a Carlos Ruiz, y a otros buenos comediantes, músicos y bailarines, para hacer espectáculos en una línea novedosa para esa época en Cuba. Con todos esos ingredientes rompiendo la típica forma de hacer humor tradicional, no se hizo esperar la aparición de un grupo -¡de provincia!-, “La Seña del Humor de Matanzas”, que le da un matiz distinto a la forma acostumbrada de hacer reír que ya venían cambiando los últimos mencionados. Todos recién graduados universitarios, pero ninguno de actuación o teatro. Y a partir de ahí el talento humorístico del cubano ve que su necesidad de hacer y decir es más cercano, más posible de realizarse, tanto en contenidos como en forma y explota la cosa, llega un boom de agrupaciones y solistas, el llamado Movimiento del nuevo Humor Cubano. Y entre ellos, el grupo Onondivepa.
El grupo: como decíamos, Onondivepa fue uno de esos protagonistas de “la belle epoque” del humor cubano en esos años ochenta. Al igual que muchos de sus colegas, sus miembros eran graduados universitarios. Tenían un sentido del humor fresco, “moderno”, atrevido y rupturista; casi todas sus puestas en escena eran escritas y dirigidas por los mismos miembros del grupo; no eran actores profesionales, de academia, sino que se fueron formando en la praxis total, donde los actores no mostraban en escena a un personaje con su psicología, etc., no se convertían en esos personajes como bien se hace en el arte actoral convencional, sino que eran los jodedores cubanos “haciendo de” tal personaje; en otras palabras, el público sabía que aquel atrevimiento de unos frescos no actores era un acto lúdico, un momento de diversión donde jugando se hacía reír y pensar.
Onondivepa destacó también por la calidad humana. Algo muy abundante entre aquel enjambre de grupos y solistas. Porque esa fue una de las características de ese boom del humor ochentero. Todos eran más o menos amigos tanto en escena como lejos de ella. No se recuerda una situación grave de envidias o celos. Todos –o casi todos, para no pecar de absolutista y porque recuerdos un par de electrones sueltos-, los humoristas de esa época se ayudaban. Sentían que pertenecían a algo grande que estaba sucediendo y que los demás eran también sus compañeros. Al venir de otros medios, no portaban del germen del “ego del artista”, del divismo. Por ello, las bromas –a veces pesadas-, que se hacían entre los humoristas, ya sea a miembros del mismo grupo o de otro, no producían rencores ni odios, sino solo ganas de continuar jugando, porque mientras más se hacían reír unos a otros, más se sentían identificados en esa cofradía.
"Desaparecerá Onondivepa con la salida de Ulises Toirac", pensaron muchos. Claro, sin saber ni interesarnos en la intríngulis de ese hecho, desde afuera solo se puede afirmar que siempre ha pasado y pasará que entre los grupos sale un individuo que resalta, con condiciones de solista, como este caso, como el de Churrisco en la Piña del humor, como Omar Franco en Humoris Causa, como Doimeadiós en Sala-Manca, etc. Y es un proceso lógico. Incluso al final es hasta mejor que se separen. Pero mientras haya gente como Afredito, por ejemplo, el cual cargó en sus hombros la continuidad de Onondivepa, y logró sacarlo a flote de nuevo y ponerlo al nivel anterior, no pasa nada.
A pesar de hacer lo que tuvo que hacer para sobrevivir durante el famoso Período Especial, donde los humoristas ochenteros, por necesidad, tuvieron que dejar de hacer teatro como antes y trabajar en lugares en que había que hacer otro tipo de humor, Onondivepa fue de los pocos que se mantuvieron creando y presentando el humor que los caracterizaba.
Onondivepa fue y es un grupo que no le teme a la experimentación, a la innovación, a la creatividad y lo demuestra su evolución tanto en números de integrantes, como de géneros a desarrollar en escena, etc.
Ellos son de los que sobreviven a toda dificultad, porque creen en lo que hacen, son grandes guerreros y defensores del humor, aman esta profesión. Y eso se agradece.
Felicidades infinitas al querido grupo Onondivepa! en su 40 Aniversario!
Larga vida, hermanos!!
Fecha de la celebración: El domingo 20 de septiembre Espectáculo: "Que el humor nos acompañe"
Lugar: Bar Restaurante "Playa Libre" de Guanabo, Cuba.
Hora: A partir de las 6 de la tarde.
"Crear, pensar y vivir con humor".