Según un estudio científico la edad a la que los bebés comienzan a desarrollar el sentido del humor es mucho más pronto de lo esperado. A continuación recuperamos algunos de los descubrimientos de la ciencia que lo demuestran.
1. El sentido del humor empieza a desarrollarse alrededor de los 5 meses
Uno de los hallazgos más sorprendentes de un estudio publicado en Journal of Experimental Child Psychology fue comprobar que muchos bebés de alrededor de 5 meses ya empiezan a entender pequeñas situaciones humorísticas.
Esto no significa que comprendan chistes o juegos de palabras, algo que llegará mucho más adelante. Lo que empiezan a captar son pequeñas incongruencias, es decir, situaciones inesperadas que cambian, de forma segura, lo que esperaban que ocurriera.
Por ejemplo, un adulto que se pone un objeto en la cabeza en lugar de usarlo correctamente, una expresión facial exagerada o una voz extraña pueden resultarles sorprendentemente divertidas.
Este descubrimiento cambia bastante la forma en que entendemos el desarrollo infantil. Hasta hace pocos años se pensaba que las primeras carcajadas eran, sobre todo, respuestas automáticas a determinados estímulos. Sin embargo, los investigadores observaron que, desde muy temprano, la risa ya implica una cierta interpretación de lo que está ocurriendo.
En otras palabras, el humor comienza a aparecer antes incluso de que el bebé pronuncie sus primeras palabras.
2. Tu sonrisa ayuda a tu bebé a entender qué tiene gracia
El mismo estudio descubrió otro aspecto fascinante: los bebés no solo prestan atención a lo que sucede, sino también a la reacción emocional de sus padres.
Cuando los investigadores presentaban una situación inesperada, comprobaron que los bebés observaban atentamente la expresión facial del adulto. Si este sonreía, se reía o transmitía tranquilidad, el bebé tenía muchas más probabilidades de reír también. Sin embargo, si el adulto ponía cara seria o de preocupación, el bebé interpretaba que la situación no era agradable.
Los psicólogos llaman a este fenómeno referencia social. Cuando todavía no saben interpretar completamente una situación, los bebés utilizan las emociones de las personas de confianza como una guía para decidir cómo reaccionar.
Esta capacidad empieza a hacerse especialmente evidente entre los 5 y los 7 meses, una etapa en la que el desarrollo social avanza a gran velocidad. Esto significa que la risa no depende únicamente del objeto o del juego. También nace de la interacción con quienes cuidan al bebé.
3. Las personas hacen mucha más gracia que los juguetes
¿Qué hace reír realmente a un bebé? Para responder a esta pregunta, otro grupo de investigadores observó cómo interactuaban padres y bebés de entre 3 y 6 meses en situaciones cotidianas.
Los resultados, publicados en Infant Child And Development mostraron que las mayores carcajadas no las provocaban los juguetes, sino las personas.
Para hacer reír a sus bebés, los padres recurrían de forma espontánea a estrategias muy parecidas:
- cambiar el tono de voz;
- hacer caras exageradas;
- mover el cuerpo de forma inesperada;
- esconderse y aparecer de nuevo;
- utilizar objetos de manera absurda;
- jugar al clásico cucú-tras.
Todo ello demuestra que el humor infantil nace principalmente de la interacción social.
De hecho, muchas veces basta con una mirada cómplice o una expresión divertida para desencadenar una carcajada.
4. La repetición también forma parte del humor
Si alguna vez has jugado al cucú-tras veinte veces seguidas porque tu bebé no dejaba de reír, probablemente te hayas preguntado por qué nunca parece cansarse del mismo juego.
La ciencia también tiene una explicación. El estudio de 2012 observó que los bebés disfrutan especialmente de los juegos repetitivos porque aprenden a anticipar lo que va a ocurrir.
Cuando un adulto desaparece detrás de una manta una y otra vez, el bebé empieza a prever el momento en que volverá a aparecer. Esa combinación entre previsibilidad y pequeña sorpresa hace que la experiencia siga resultando divertida. Una y otra vez, una y otra vez...
Lejos de aburrirse, la repetición les ayuda a consolidar el aprendizaje. Por eso no es extraño que quieran repetir una misma broma una y otra vez durante semanas.
5. Cada carcajada también ayuda a aprender
Quizá el descubrimiento más importante de ambos estudios es que la risa no sirve únicamente para expresar felicidad. Cada vez que un bebé ríe está desarrollando habilidades fundamentales para su crecimiento.
Durante esos momentos aprende a interpretar las expresiones faciales de los demás, mejora la comunicación con sus cuidadores, fortalece el vínculo afectivo y empieza a comprender cómo funcionan las interacciones sociales.
En realidad, el humor se convierte en una herramienta de aprendizaje.
Cuando un padre exagera una mueca, cambia la voz o juega al cucú-tras, no solo está entreteniendo a su hijo. También está ayudándole a descubrir que las personas tienen intenciones, emociones y maneras distintas de comunicarse.
La risa se transforma así en un pequeño laboratorio donde el bebé experimenta, observa y aprende.
¿A qué edad empiezan los bebés a reír?
Aunque cada niño tiene su propio ritmo, los especialistas manejan unas edades orientativas.
- Entre las 6 y las 8 semanas suele aparecer la sonrisa social, dirigida a las personas.
- Entre los 3 y los 4 meses llegan las primeras risas sonoras durante el juego.
- Hacia los 5 meses, muchos bebés ya empiezan a captar pequeñas situaciones humorísticas, según el estudio antes mencionado.
- Entre los 5 y los 7 meses, la risa depende cada vez más del contexto social y de las reacciones de quienes les rodean.
- A partir de los 8 o 9 meses, el humor se vuelve progresivamente más elaborado y empiezan a disfrutar de bromas sencillas y juegos más complejos.
Estas edades son aproximadas y pueden variar de un bebé a otro sin que ello suponga ningún problema en su desarrollo.
Cuando un bebé ríe está poniendo en marcha habilidades cognitivas, emocionales y sociales que serán esenciales durante toda su infancia.
Las investigaciones muestran que el sentido del humor empieza a construirse mucho antes de lo que imaginábamos y que los padres desempeñan un papel protagonista en ese proceso. Cada sonrisa compartida, cada juego repetido y cada carcajada forman parte de una conversación silenciosa con la que el bebé aprende a entender a las personas y el mundo que le rodea.
(Fuente: serpadres.es).
"Crear, pensar y vivir con humor".