Algunas personalidades de campos ajenos al dibujo de humor realizaron ocasionalmente o de manera aficionada caricaturas y viñetas. Unos han pasado a la historia por su hacer en campos relacionados con las artes y la creatividad, como la literatura, el cine o la música, pero a otros los asociamos con esferas bien alejadas de estos, como la política. En próximos artículos tengo me gustaría a conocer algunas de estas figuras. Comienzo hoy recordando los nombres de algunos políticos que se significaron en este sentido.
No es habitual que los políticos dibujen caricaturas o viñetas de humor. Lo normal es lo contrario: que las protagonicen. Pero, particularmente en los EEUU, encontramos algunos casos que merece la pena apuntar. Entre ellos tenemos a un padre de la patria y dos presidentes del país.
La primera caricatura política estadounidense
El padre de la patria es Benjamin Franklin (1706-1790), una personalidad fecunda y multifacética. El lector europeo, y particularmente el español (escribo estas líneas desde España), lo conocerá fundamentalmente como científico e inventor. A él se deben los inventos del pararrayos y las gafas bifocales, entre otros. Pero los estadounidenses lo identifican, sobre todo, como político y no uno cualquiera: uno de los padres fundadores de la nación. Fue uno de los redactores y firmantes de la Declaración de Independencia, contribuyó a la redacción de la Constitución del país y ejerció de embajador de los EEUU en Francia, además de ser el primer director general del Servicio Postal estadounidense.
Franklin fue también, y en buena medida, impresor y periodista. Se hizo rico publicando la “Gaceta de Pensilvania”, donde el 9 de mayo de 1754 publicó la primera caricatura política estadounidense que se conoce: “Join or Die” (“Uníos o morid”), de la que se le tiene también por autor. Muestra una serpiente cortada en ocho partes con las iniciales de las colonias americanas para pedir su unión. La imagen se convirtió en un símbolo de la libertad colonial durante la Guerra de Independencia de los EEUU y volvió a usarse, con las adaptaciones correspondientes, por ambos bandos durante la guerra civil estadounidense.
Los presidentes “caricaturistas” a los que me refería son Ulysses S. Grant (1822-1885), el 18º del país, y Theodore Roosevelt (1858-1919), el 26º.
Respecto a Grant, durante su etapa como cadete en la Academia Militar de West Point, la asignatura de dibujo era obligatoria. Existen algunos bocetos y pinturas de aquella época y de su vida posterior que incluyen paisajes rurales, estudios de caballos comiendo en un abrevadero o escenas con nativos americanos. Sus trabajos conocidos eran realistas, topográficos u observacionales, enfocados en capturar detalles fieles de la naturaleza o animales. Pero en internet también se dice que durante su etapa de juventud en West Point, el futuro presidente destacaba por su habilidad para el dibujo satírico y la caricatura de sus instructores y compañeros.
Por lo que respecta a Roosevelt (no confundirlo con su primo lejano Franklin D. Roosevelt [1882-1945], que también sería presidente de los EEUU, el 32º), ilustraba con frecuencia sus cartas personales y familiares con divertidos bocetos, mostrando un lado creativo, familiar y autocrítico sobre sus habilidades artísticas. Dibujaba escenas cotidianas de la vida familiar, peleas de almohadas o animales para sus hijos. A menudo añadía notas bromeando sobre su propio estilo rústico al dibujar. Muchos de estos manuscritos con ilustraciones se conservan en colecciones digitales como el Theodore Roosevelt Cent.
Otro notable político estadounidense que dibujaba ocasionalmente caricaturas fue Earle C. Clements (1896-1985), gobernador de Kentucky entre 1947 y 1950 y miembro de la Cámara de Representantes y del Senado de los Estados Unidos durante las décadas de 1940 y 1950. Clements era conocido en círculos internos por dibujar caricaturas de sus colegas en el Congreso durante las sesiones legislativas aburridas.
Churchill y su ensayo sobre el “cartoon”
Sin abandonar el mundo anglosajón, hay que citar también a Winston Churchill (1874-1965), primer ministro del Reino Unido de 1940 a 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, y nuevamente de 1951 a 1955.
Aunque no me consta que practicase la caricatura y el dibujo de humor (no así la pintura al óleo, que cultivaba para relajarse y combatir la melancolía), tuvo una relación muy estrecha con estas artes. Primero, porque es el político más caricaturizado de la historia. Segundo, porque fue, además, un ávido coleccionista de caricaturas originales que lo representaban. Y tercero, porque llegó a escribir un ensayo sobre el tema, titulado “Cartoons and Cartoonists” (“Caricaturas y caricaturistas”) y publicado en “The Strand Magazine” en junio de 1931. En él reflexionaba sobre el humor político y describía las caricaturas como el alimento habitual de los adultos.
Por cierto que Churchill escribió también un ensayo sobre la pintura titulado “Painting as a Pastime” (“La pintura como pasatiempo”), que publicó originariamente en dos entregas en “The Strand Magazine” entre diciembre de 1921 y enero de 1922, y después como libro independiente en 1948. Recordemos que el expremier recibió en 1953, no sin cierta polémica, el Premio Nobel de Literatura “por su dominio de las descripciones biográficas e históricas, así como por su brillante oratoria en defensa de los valores humanos exaltados”. Sus trabajos más destacados combinan la crónica histórica con su participación directa en los acontecimientos: “The Second World War” (“La Segunda Guerra Mundial”), obra monumental en seis volúmenes donde relata el conflicto bélico desde su rol como primer ministro; “The World Crisis” (“La crisis mundial”), un detallado análisis en seis volúmenes enfocado en los sucesos de la Primera Guerra Mundial; y “A History of the English-Speaking Peoples” (“Historia de los pueblos de habla inglesa”), una ambiciosa revisión en cuatro volúmenes sobre la historia de Gran Bretaña y sus antiguas colonias.
Un padre de la patria humorista
Cien años después de la muerte de Benjamin Franklin nacerá en España otro personaje fascinante considerado el padre de la patria gallega, por la región de Galicia, en el noroeste del país: Alfonso Daniel Rodríguez Castelao (1886-1950). Médico, artista plástico y escritor, fue también, y sobre todo, político, caricaturista y humorista gráfico. Como político, llegó a ser diputado en las Cortes de la II República Española y presidente del Consejo de Galicia en el exilio tras la Guerra Civil. Como humorista gráfico, fue uno de los mejores de la Europa de su tiempo y el más importante de todos los gallegos que han existido. Entre sus obras en este campo destacan el álbum “Nós” y la serie “Cousas da vida”, publicada en la prensa diaria.
El también escritor gallego Manuel Rivas ha destacado en alguno de sus escritos la enorme singularidad gallega de tener como padre de la patria a un humorista (no solo gráfico; Castelao también lo era literario), cuando lo normal en otros países es que sea un militar, un jurista o un hacendado.
El ministro caricaturista
En España, en fechas recientes, hemos tenido un ministro que también era caricaturista y dibujante de humor. Hablo del canario Juan Fernando López Aguilar (1961), titular de Justicia entre 2004 y 2007, durante el Gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Actualmente es diputado en el Parlamento Europeo desde 2009.
Aficionado al dibujo y a la pintura, comenzó publicando caricaturas en el diario canario “La Provincia” desde 1977. Fue autor de una serie de cómic llamada “Gaudeamus”, con guion de Andrés Sopeña Monsalve (ensayista y profesor de Derecho de la Universidad de Granada). Durante sus años de estudio en esta universidad, sus caricaturas y viñetas aparecieron regularmente publicadas en los periódicos “Sur de Málaga” y el “Ideal” de Granada. En 1981 se editó una recopilación de estas tiras (Editorial Grijalbo), basadas en las andanzas y desventuras de un PNN (“Profesor No Numerario”). Durante años compaginó sus estudios con el trabajo de dibujante de historietas, publicados en distintas revistas.
Como decía al principio de este artículo, me gustaría ahondar en esta temática en futuros escritos, haciéndome eco de algunas personalidades de otros campos, como la literatura, el cine o la música, que también cultivaron como aficionados o esporádicamente la caricatura y/o el dibujo de humor. Por lo tanto, termino con un “continuará”.
Ulysses S. Grant